En busca de la felicidad
La felicidad es una decisión, tómala.
En busca de la felicidad
Si cada día hicieramos un acto de bondad entonces viviriamos en un mejor mundo, afirma esta soñadora empedernida.
Por: Angela Quiroz
Positiva hasta los huesos, soñadora en busca de mejorar el mundo desde la realidad que le ha sido propuesta, protectora de los animales y amante de Neruda, no tiene religión y le molestan los prejuicios, es un poco despistada, tiene mala memoria y es vegetariana, le gustan las ciruelas y le encanta la lluvia. En gran porcentaje los seres humanos somos responsables de lo que nos sucede, el resto es cuestion de suerte, afirma.
Esta bogotana de 22 años ha tenido que enfrentar varios tipos de realidades, las cuales le han perfilado su personalidad. Desde muy pequeña fue la niña consentida de la casa ya que era la menor de la familia y la única mujer entre sus primos. A la edad de 10 años nació su hermano Daniel a quien tanto ama, pero en ese momento fue un choque con la realidad; desde ese entonces Ángela empezó a ser más independiente y a usar más de su tiempo leyendo y escuchando música. A la edad de 17 años se graduó de bachiller y desde entonces ha estudiado inglés, periodismo, administración, trabajó en Burger King, como traductora, en un call center y de nuevo está estudiando comunicación. Ella afirma que hay que dejarse fluir, que no se puede vivir siendo infeliz, que cada dia es una oportunidad para empezar de nuevo, pero reconoce que se debe ser constante y aunque se preocupa por estar empezando de nuevo su carrera a los 22 años, se siente satisfecha de ser libre para elegir su siguiente paso.
“Los errores no son mas que oportunidades”
En el año 2003 Ángela tomó la decisión de ir a Croydon, Inglaterra, a estudiar y aunque no contaba con apoyo financiero, viajó el 31 de julio del 2003 a estudiar y de nuevo, como tantas veces anteriores, se cumplió la teoría que ella tiene acerca del dinero: “el dinero no puedo ser excusa para dejar de hacer lo que deseamos, todo es cuestión de programación mental pues atraemos a nuestras vidas lo que pensamos y deseamos”. Allí vivió por dos años y seis meses exactos, como ella cuenta, no fue una situación fácil ya que estaba muy sola, no tenía amigos y le costó adaptarse a la cultura. Extrañaba a su familia, el kumis y los tamales y lo que hubiese podido considerarse como una pérdida de tiempo le dio la oportunidad de replantear su vida, de aprender inglés y de valorar mucho más las pequeñas cosas de la vida. Ahora es feliz andando en Transmilenio, le encanta el desorden de su hermano, le gusta el vallenato del vecino, disfruta las conversaciones con los vecinos y caminar por la séptima, ahora aprecia mucho más las cosas que antes no toleraba, pero ahora no tolera tantas cosas que antes ignoraba, como lo son las injusticias sociales, los prejuicios sociales, por esto y por mucho más ahora está preparándose para hablar a su ciudad, a su país y,por que no, al mundo.