14 de Agosto de 2007

La monotonía no hace parte de mi estilo.

Buenos días mundo, aquí estoy.

Aicha y Ángela.

Crónica de un día común y corriente que se convierte en un cuestionamiento, ¿cuántas cosas hemos aprendido durante todos estos años que debemos desaprender lo antes posible?, la vida es corta y hay cosas que corregir.

Por: Ángela Quiroz

angelautopia58@hotmail.com

Calentamiento global, pagar la cuenta de la tarjeta de crédito, empacar la chaqueta, no olvidar llamar a Patricia, la guerra nos tiene mal, cancelar la cita al odontólogo, chequear el e-mail como prioridad en la mañana; pensaba hasta que sentí tu respiración pausada en la nuca, pero un momento… ¡¡¡AICHA!!!

Lunes en la mañana: como casi todos los días; Aicha proclama su derecho a la almohada izquierda no sobra decir que de ese lado duermo mejor, pero con ella no se puede discutir. Hacia las 7 a.m. empieza el temblor, indicio de que es hora de levantarse, aunque Morfeo aún no desee dejarme ir “lo lamento cariño”, nos veremos esta noche. Empieza una vez más la interminable pelea de mi hermano y sus zapatos de charol, mi mamá y su afán por enfriar el chocolisto, “mijito”, deje ese bajo quieto que vamos a llegar tarde!!! y yo salto de mi cama a la cuenta de tres, es ahora o nunca, la ducha me espera… 25 minutos para salir y tantas cosas aún por hacer.

El mundo del afán, las mujeres perfumadas y los hombres ocupados del bus me esperan; no dejo de pensar que hoy no tuve tiempo de sacar a pasear a las niñas y que no volveré a verlas hasta la noche; desearía que el día tuviera más de 24 horas y que yo pudiera dormir apenas cuatro, pero éste no es momento para cuestionamientos pues tenemos una cita en el banco a las 9 a.m. y se está haciendo tarde. Cuando apenas dejo de oler la mezcla de perfumes me percato del letrero en el ascensor: “ apague sus bombillos hoy a las 7:55 p.m. por cinco minutos para ayudar al mundo” entretanto pongo mi alarma a esta hora y pienso que todos deberíamos ayudar con esta noble causa. ¡¡¡Ángela es tarde!!! y entonces empiezo a combatir el mind set de la sociedad colombiana que, como dice Sean, no nos dejan ser un país mejor: “Ángela, siempre debes pensar las razones por las cuales puedes hacer las cosas; no pienses en los motivos por los cuales no puedes hacerlas”, es siempre mucho más difícil desaprender que aprender.

Son las 4:55 p.m. y yo aún no termino la carta para Bancolombia; no tuve tiempo para almorzar, me duele la espalda y ya es muy tarde para el café antes de emprender ese heroico viaje desde las 127 con séptima a las cinco p.m. (contra flujo por la séptima) sin dejar de lado el maravilloso trancón de la carrera once y la trece hasta llegar a la 53 con séptima,después de arriesgar mi vida esquivando carros desde la carrera trece. ¡¡¡Aleluya!!! El salón I-302 está frente a mí y una sensación de tranquilidad me invade.

Hablamos un poco de cómo estuvo nuestro día y de la contaminación a nivel mundial mientras llega Carlos Augusto García, decano de la Facultad de Comunicación y profesor de Procesos de Comunicación, quien tiene preparada para nosotros una clase acerca de los paradigmas y los prejuicios sociales, es casi como si conociera a Sean: tienen conceptos muy similares con respecto a la idiosincrasia colombiana. Ahora el arte consiste en aprender a desaprender. Mientras nos lee el capitulo 68 del libro Rayuela, le recuerdo que son las 7:55 p.m. y él gustosamente apaga la luz para colaborar con la causa.

Después de casi hora y media de terminada la clase llego a mi hogar, dulce hogar. A la entrada me encuentro con mi vecino Óscar, quien me dice que el día que debíamos apagar las luces a las 7:55 p.m. era el viernes y, aúnque debo aceptar me pareció gracioso este encuentro increíble: una futura periodista se encuentra tan desinformada, pero me parece aún más curioso que treinta de mis compañeros de clase y mi profesor también lo estuviesen, fue una clase extraña, distinta, igual supongo que lo que cuenta es la intención, el problema es que todos estemos tan llenos de buenas intenciones y que no hagamos mucho.

Y aunque duerma mejor en la almohada izquierda debo aceptar que me agrada la idea de que Aicha no me deje durmiendo sola y que Morfeo me arrulle en sus brazos. Me siento satisfecha de haber aprendido, haber vivido y haber sentido lo que sentí hoy. Aun que la vida algunos días se torne tediosa, aún tengo a mi lado a mi familia a mis amigos y estoy haciendo lo que en tantos sueños desee hacer, aunque aún ahora mi hermano siga haciendo escándalo con ese bajo, que a la cuenta de tres estrellaré contra la pared, sigo considerándome una mujer muy afortunada.