13 Noviembre 2007
13 Noviembre 2007
6 Noviembre 2007
Estos jóvenes suelen parecer sacados de una película de Tim Burton.
Los Emo.

Esteban Caro
Son jóvenes con los que usted se encuentra a diario pero no esta muy seguro de conocerlos, son jóvenes que podrían ser su hijo y aun no es claro de sus tendencias, pero su filosofía es bastante básica; emociones.
Para muchos de nosotros, especialmente para las personas de más de 20 años, la generación “Emo” es algo desconocido, de hecho suena como el plato fuerte de uno de los restaurantes que la familia suele visitar los domingos,pero todos nos hemos percatado de que han aparecido nuevos movimientos sociales –o por lo menos se están vistiendo y actuando distinto-. A continuación he de presentarles a los Emo y ¡no señores!, no son el plato fuerte de la Hamburguesería, es muy seguramente su vecino o el novio de su hermana menor y muy probablemente el primo que empezó a ver extraño y que hasta llegó a pensar que se había “cambiado de equipo” desde que empezó a vestirse de rosado, a dejarse crecer el pelo con estilo y empezó a usar balacas. A finales de los años ochenta aparece en la escena un derivado del hardcore punk con sonidos mucho más lentos y melódicos, el cual es llamado emotional hardcore o mejor conocido como emo –core, el cuál buscaba evidenciar estados de ánimo y generar estas mismas emociones a los oyentes. En este género musical se evidencia el aumento gradual de la intensidad del sonido, el cambio de ritmos y el estallido de furia, pero a diferencia del hardcore se utilizan sonidos más apacibles y guturales – son sonidos emitidos desde la garganta. ¿Cómo reconocer un emo? ¿Cómo lucen? Es muy fácil toparse con un seguidor de esta ideología y reconocerlo como emo, ellos lucen como un de los personajes salido de la película The nightmare before christmas, del director Tim Burton, por lo cual el personaje Jack se ha convertido en uno de sus iconos. Por lo general son muy delgados, usan “tennis vans” de cuadros, pantalones entubados, generalmente negros, sacos a rayas negras y rosadas, se peinan con el pelo cubriéndoles la mitad de la cara y detrás tienen el pelo corto, imágenes de calaveras, cuchillas de afeitar, correas de taches y accesorios rosados son comunes en ellos. Su estado de ánimo es depresivo/melancólico y a menudo se infligen cortes para sentir dolor: no creen en la violencia, de hecho la forma en la que ellos bailan es empujándose pero no se golpean entre ellos, el nombre de este “baile” es “mosh”. Escuchan grupos como: 30 Seconds To Mars, Bless the Fall, Less Than Jake, Silverstein entre otros, la mayoría de ellos escriben poesía o canciones depresivas. Según lo afirman los seguidores hombres de esta ideología, la vida no es fácil para ellos ya que son considerados homosexuales y son perseguidos por los seguidores del punk, a quienes se les define como personas radicales y agresiva, (valga aclara que no es un hecho comprobado). Durante este reportaje estuve buscando una entrevista con un “emo”, pero no fue fácil conseguirla aunque les pedí a muchas personas que me contaran un poco acerca de ellas, lo cual me llevó a una serie de cuestionamientos; ninguno estaba dispuesto a contar las razones por las cuales pertenecen a este movimiento o ideología, se notaba falta de seguridad, como si pertenecieran a este moviendo por encajar en un grupo, como si fuera una moda y no una forma de vida. A continuación Esteban Caro nos contará un poco acerca de su experiencia como “emo”; Esteban tiene 17 años y sigue esta ideología desde hace aproximadamente un año.
Ángela: ¿Por qué le llamo la atención la ideología emo?
Esteban: Siento que es un estilo de vida diferente en el cual me siento bien. Uno puede expresar sus sentimientos en esta ideología sin miedo a ser juzgado por que todos mis amigos son emo.
Ángela: ¿Qué aspectos no tan positivos conllevan ser emo?
Esteban: El emo no es la única cultura que existe, por esa razón nos afecta a los emos las demás culturas que nos discriminan porqué piensan que lo que hacemos y seguimos es una “maricada”. Por ejemplo; los metaleros, punteros y otra gente, hasta la gente del barrio nos mira mal y nos tienen “raye” y desean acabar la cultura emo; tan exagerado es el límite que quieren matar emos… Algunos lo hacen.
Ángela: ¿No le da miedo que en una de esas lo maten?
Esteban: Pues la verdad sí, pero esa es la cultura que yo sigo y respeto, pues la verdad es que así yo deje de ser emo la esencia permanece, tengo muchos tatuajes (se descubre la espalda y brazos y me permite ver un tatuaje que dice; “emo boy”, tiene tatuados puntos, una calavera y un corazón roto y una pistola de la cual caen gotas de sangre).
Ángela: ¿Ah sido amenazado por otras culturas o personas?
Esteban: La verdad no, pero de todas formas no se me haría raro por que existen movimientos “anti emo” y la verdad, hasta donde tengo entendido, no son pocos; más bien diría que son bastantes y he conocido gente que van con la cultura emo hasta el fin y por razones de seguridad han tenido que salir de la cultura.
Ángela: ¿Qué piensa su familia acerca de la cultura emo?
Esteban: Pues mi papá me molesta por que piensa que eso es de “maricas”; mi hermano me la “monta”, aunque él también está entrando en el emo así que ya no puede decir nada y mi mamá me jode por el pelo y por mis amigos.
Ángela: ¿Por qué los emo se cortan?
Esteban: Llegan momentos en los cuales uno está en un grado de estrés y depresión que no hay salida sino cortarse y contemplar la sangre.
Aunque muchos de nosotros no compartamos la ideología de nuestros vecinos, hermanos, primos o amigos, esto no significa que el irrespeto sea una opción. Emo: ¿moda o estilo de vida?, no es muy claro para mí pero si de ninguna forma me afecta yo respetaré la vida que cada uno desea llevar.
23 Octubre 2007
14 de Agosto de 2007
La monotonía no hace parte de mi estilo.
Buenos días mundo, aquí estoy.

Aicha y Ángela.
Crónica de un día común y corriente que se convierte en un cuestionamiento, ¿cuántas cosas hemos aprendido durante todos estos años que debemos desaprender lo antes posible?, la vida es corta y hay cosas que corregir.
Por: Ángela Quiroz
Calentamiento global, pagar la cuenta de la tarjeta de crédito, empacar la chaqueta, no olvidar llamar a Patricia, la guerra nos tiene mal, cancelar la cita al odontólogo, chequear el e-mail como prioridad en la mañana; pensaba hasta que sentí tu respiración pausada en la nuca, pero un momento… ¡¡¡AICHA!!!
Lunes en la mañana: como casi todos los días; Aicha proclama su derecho a la almohada izquierda no sobra decir que de ese lado duermo mejor, pero con ella no se puede discutir. Hacia las 7 a.m. empieza el temblor, indicio de que es hora de levantarse, aunque Morfeo aún no desee dejarme ir “lo lamento cariño”, nos veremos esta noche. Empieza una vez más la interminable pelea de mi hermano y sus zapatos de charol, mi mamá y su afán por enfriar el chocolisto, “mijito”, deje ese bajo quieto que vamos a llegar tarde!!! y yo salto de mi cama a la cuenta de tres, es ahora o nunca, la ducha me espera… 25 minutos para salir y tantas cosas aún por hacer.
El mundo del afán, las mujeres perfumadas y los hombres ocupados del bus me esperan; no dejo de pensar que hoy no tuve tiempo de sacar a pasear a las niñas y que no volveré a verlas hasta la noche; desearía que el día tuviera más de 24 horas y que yo pudiera dormir apenas cuatro, pero éste no es momento para cuestionamientos pues tenemos una cita en el banco a las 9 a.m. y se está haciendo tarde. Cuando apenas dejo de oler la mezcla de perfumes me percato del letrero en el ascensor: “ apague sus bombillos hoy a las 7:55 p.m. por cinco minutos para ayudar al mundo” entretanto pongo mi alarma a esta hora y pienso que todos deberíamos ayudar con esta noble causa. ¡¡¡Ángela es tarde!!! y entonces empiezo a combatir el mind set de la sociedad colombiana que, como dice Sean, no nos dejan ser un país mejor: “Ángela, siempre debes pensar las razones por las cuales puedes hacer las cosas; no pienses en los motivos por los cuales no puedes hacerlas”, es siempre mucho más difícil desaprender que aprender.
Son las 4:55 p.m. y yo aún no termino la carta para Bancolombia; no tuve tiempo para almorzar, me duele la espalda y ya es muy tarde para el café antes de emprender ese heroico viaje desde las 127 con séptima a las cinco p.m. (contra flujo por la séptima) sin dejar de lado el maravilloso trancón de la carrera once y la trece hasta llegar a la 53 con séptima,después de arriesgar mi vida esquivando carros desde la carrera trece. ¡¡¡Aleluya!!! El salón I-302 está frente a mí y una sensación de tranquilidad me invade.
Hablamos un poco de cómo estuvo nuestro día y de la contaminación a nivel mundial mientras llega Carlos Augusto García, decano de la Facultad de Comunicación y profesor de Procesos de Comunicación, quien tiene preparada para nosotros una clase acerca de los paradigmas y los prejuicios sociales, es casi como si conociera a Sean: tienen conceptos muy similares con respecto a la idiosincrasia colombiana. Ahora el arte consiste en aprender a desaprender. Mientras nos lee el capitulo 68 del libro Rayuela, le recuerdo que son las 7:55 p.m. y él gustosamente apaga la luz para colaborar con la causa.
Después de casi hora y media de terminada la clase llego a mi hogar, dulce hogar. A la entrada me encuentro con mi vecino Óscar, quien me dice que el día que debíamos apagar las luces a las 7:55 p.m. era el viernes y, aúnque debo aceptar me pareció gracioso este encuentro increíble: una futura periodista se encuentra tan desinformada, pero me parece aún más curioso que treinta de mis compañeros de clase y mi profesor también lo estuviesen, fue una clase extraña, distinta, igual supongo que lo que cuenta es la intención, el problema es que todos estemos tan llenos de buenas intenciones y que no hagamos mucho.
Y aunque duerma mejor en la almohada izquierda debo aceptar que me agrada la idea de que Aicha no me deje durmiendo sola y que Morfeo me arrulle en sus brazos. Me siento satisfecha de haber aprendido, haber vivido y haber sentido lo que sentí hoy. Aun que la vida algunos días se torne tediosa, aún tengo a mi lado a mi familia a mis amigos y estoy haciendo lo que en tantos sueños desee hacer, aunque aún ahora mi hermano siga haciendo escándalo con ese bajo, que a la cuenta de tres estrellaré contra la pared, sigo considerándome una mujer muy afortunada.
23 Octubre 2007
La felicidad es una decisión, tómala.
En busca de la felicidad
Si cada día hicieramos un acto de bondad entonces viviriamos en un mejor mundo, afirma esta soñadora empedernida.
Por: Angela Quiroz
Positiva hasta los huesos, soñadora en busca de mejorar el mundo desde la realidad que le ha sido propuesta, protectora de los animales y amante de Neruda, no tiene religión y le molestan los prejuicios, es un poco despistada, tiene mala memoria y es vegetariana, le gustan las ciruelas y le encanta la lluvia. En gran porcentaje los seres humanos somos responsables de lo que nos sucede, el resto es cuestion de suerte, afirma.
Esta bogotana de 22 años ha tenido que enfrentar varios tipos de realidades, las cuales le han perfilado su personalidad. Desde muy pequeña fue la niña consentida de la casa ya que era la menor de la familia y la única mujer entre sus primos. A la edad de 10 años nació su hermano Daniel a quien tanto ama, pero en ese momento fue un choque con la realidad; desde ese entonces Ángela empezó a ser más independiente y a usar más de su tiempo leyendo y escuchando música. A la edad de 17 años se graduó de bachiller y desde entonces ha estudiado inglés, periodismo, administración, trabajó en Burger King, como traductora, en un call center y de nuevo está estudiando comunicación. Ella afirma que hay que dejarse fluir, que no se puede vivir siendo infeliz, que cada dia es una oportunidad para empezar de nuevo, pero reconoce que se debe ser constante y aunque se preocupa por estar empezando de nuevo su carrera a los 22 años, se siente satisfecha de ser libre para elegir su siguiente paso.
“Los errores no son mas que oportunidades”
En el año 2003 Ángela tomó la decisión de ir a Croydon, Inglaterra, a estudiar y aunque no contaba con apoyo financiero, viajó el 31 de julio del 2003 a estudiar y de nuevo, como tantas veces anteriores, se cumplió la teoría que ella tiene acerca del dinero: “el dinero no puedo ser excusa para dejar de hacer lo que deseamos, todo es cuestión de programación mental pues atraemos a nuestras vidas lo que pensamos y deseamos”. Allí vivió por dos años y seis meses exactos, como ella cuenta, no fue una situación fácil ya que estaba muy sola, no tenía amigos y le costó adaptarse a la cultura. Extrañaba a su familia, el kumis y los tamales y lo que hubiese podido considerarse como una pérdida de tiempo le dio la oportunidad de replantear su vida, de aprender inglés y de valorar mucho más las pequeñas cosas de la vida. Ahora es feliz andando en Transmilenio, le encanta el desorden de su hermano, le gusta el vallenato del vecino, disfruta las conversaciones con los vecinos y caminar por la séptima, ahora aprecia mucho más las cosas que antes no toleraba, pero ahora no tolera tantas cosas que antes ignoraba, como lo son las injusticias sociales, los prejuicios sociales, por esto y por mucho más ahora está preparándose para hablar a su ciudad, a su país y,por que no, al mundo.
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